
Un total de 11 kilómetros pavimentados y apoyo en programas de desarrollo social fue la compensación que recibió la comuna de Quillota, por la instalación de las tres centrales termoeléctricas en el sector de Lo Venecia: Nehuenco, San Isidro y San Isidro II.
Dichas plantas energéticas nutren de energía al sistema interconectado central del país y sustentan la denominación de “Región de Valparaíso: capital de la energía”. Sin embargo, de la contaminación no se habla, y frente a los riesgos de impacto ambiental que podrían significar dichas termoeléctricas, el municipio sólo explica que el monitoreo es minuto a minuto.
Pero de lo que nada se ha dicho, y que perfectamente podría impulsar un movimiento ciudadano de envergadura, es el hecho acontecido hace una semana, cuando se firmó la autorización del emplazamiento de una cuarta central termoeléctrica, ésta vez en la comuna de Puchucaví.
Como si no bastaran para la contaminación las plantas de Ventanas 1 y Ventanas 2, hoy en día se encuentra en etapa de construcción la central termoeléctrica “Nueva Ventanas”, la que tendrá como función proporcionar energía a Enami Ventanas. Todas ellas de propiedad de la transnacional AES Gener, compañía que acaba de obtener la autorización para la construcción del proyecto denominado “Campiche”, cuyo objetivo será nutrir de energía a Enap Concón y a Santiago, a través del sistema interconectado central.
Lo importante y alarmante de la iniciativa es que -a diferencia de las centrales anteriores- se utilizará para su funcionamiento un combustible altamente tóxico para la salud: petcoke, el cual es un residuo tóxico de la elaboración del petróleo, que Enap ahora debe pagar para sacarlo del país, pero que ahora podrá ser utilizado como combustible, con todo el riesgo que ello significa.
En la página de Internet de AES Gener, el tema aparece “disfrazado” bajo un curioso tecnicismo, al señalar que
Lo cierto es que el petcoke, o Carbón 270 MW, es un residuo cuyo uso –e incluso su almacenamiento- está prohibido en muchos países, debido a los altos niveles de emisión de níquel que produce, entre otros tóxicos. Prueba de ello es el estudio realizado por
Hoy el petcoke surge como la “salvación” de estos grandes consorcios, que habían visto disminuir sus ingresos al utilizar el gas natural como combustible, pues una tonelada de este residuo tiene un costo de entre
La alerta puede sonar como tardía, pero lo cierto es que ninguna pelea social se pierde antes de que se inicie, sobre todo si está en riesgo la salud de todos.
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